Más de 13 mil 500 niños y adolescentes trabajan en la minería artesanal en Bolivia, expuestos a peligrosos gases tóxicos y accidentes por explosiones. Su expectativa de vida es de 45 años.
"Empezamos en la madrugada. ’Pijchamos’ (mascamos) coca, fumamos cigarrillos, tomamos un poco de alcohol, y así nos armamos de valor para entrar a la mina", recordó uno de estos niños.
Están expuestos a accidentes pues manipulan dinamita e inhalan gases tóxicos, polvo y partículas minerales. Pierden audición por el ruido de las explosiones, de perforadoras y de otras máquinas, y deben permanecer muchas horas en posiciones incómodas. Además, corren riesgo de sufrir aplastamientos de pies o manos y lesiones en músculos, tendones y articulaciones.
El contacto y la inhalación de sustancias tóxicas provocan afecciones orgánicas agudas y crónicas. La tuberculosis y la silicosis son las enfermedades mineras más recurrentes.
En la minería aurífera, el "barranquilleo" (lavado de arena para encontrar oro), se realiza en el ambiente insalubre de ríos contaminados con mercurio, sulfuros, residuos minerales, aguas negras y basura. Tanto niñas como niños se exponen a afecciones de la piel y respiratorias, fiebre amarilla y reumatismo, intoxicación crónica y diarreas.
La expectativa de vida de un minero es, en promedio, de 45 años.

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