lunes, 17 de enero de 2011

Viviendo en la calle

Actualmente, más del 50% de la población española no tiene hogar, vive en la calle y con muy pocas posibilidades de encontrar trabajo, hogar, comida, familia o amigos.
Se conoce como vagabundo a aquella persona que ocupa un lugar permanente para residir y se ve obligada a vivir en la intemperie, ya sea en la calle, portales de vivienda, etc. Este problema es más acentuado en las grandes ciudades y suburbios. También, varios son los términos con los que podemos referirnos a estas personas: los “sin techo”, mendigos, vagabundos, indigentes... entre otros. Sin embargo, todos tienen algo en común: no tienen nada por lo que luchar, están hundidos en la miseria.





Solemos encontrar vagabundos a donde quiera que vayamos, en cualquier parte del mundo. Tan normal es cruzarnos con uno que no nos damos cuenta de que es un verdadero problema en nuestra sociedad. Podemos pensar “pobre...”, o “qué pena...”, pero hay otros pensamientos muy peligrosos y duros hacia ellos; ya que al verlos inferiores o sin recursos, pueden ser objeto de violencia por parte de pandillas de jóvenes que no tienen ningún tipo de comportamiento ético ni moral. Recordamos ejemplos de televisión en los que se encontró el cadáver de un mendigo que dormía en la puerta de un banco, quemado y totalmente demacrado, por culpa de un “juego” de tres individuos que querían “divertirse”.

¿Qué podemos hacer como educadores sociales respecto a este problema? ¿Tiene alguna solución? Realmente sí, pero queda mucho por hacer. En primer lugar, se debería concienciar a la sociedad de que no todo el mundo tiene la comida al final del día, que no todo el mundo tiene a donde ir cuando hace frío o llueve. A continuación, deberíamos apoyar a estos indigentes, motivarlos para encontrar un simple trabajo, hacerles saber que si quieren, pueden conseguir salir de ese camino, y sobre todo, crearles una razón por la que luchar, por la que reencontrarse con sus familiares, por la que buscar algo de ayuda, ya sea para comer, para vestirse, o para alojarse.
Sin embargo, otro problema que se asocia a la mendicidad son las drogas. Estas personas recurren a ellas en los momentos difíciles; y eso hace más difícil aún la tarea del educador social. Por lo tanto, es realmente difícil dar con una respuesta correcta a este problema, y que toda la gente que vive en la calle dé su brazo a torcer y se deje ayudar... Aunque poco a poco, se intenta eliminar esa barrera.




Finalmente, debemos decir que la sociedad sigue siendo inmadura y por lo tanto es insensible a estas situaciones (que generalmente desconoce) por que el Gobierno se sigue riendo de nosotros. Y es que en los últimos años nos están imponiendo leyes que la gente no ha pedido e incluso son contrarias a la dignidad de la persona ya que repugnan a cualquier individuo mínimamente sensible. El despertar de la sociedad a las cuestiones de la mendicidad supondría uno de los mejores servicios que se pueden prestar al país con el fin de erradicar este sistema de vida.

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